Si la Caridad supone en sí misma amar al Señor, la Evangelización es el hecho de hacer que ese amor crezca en más personas. Extender la Palabra de Dios a los que tenemos cerca, a nuestro entorno, pone de relieve que los católicos somos personas concienciadas con la sociedad en la que vivimos. Además, es muy saludable incrementar nuestra formación cristiana a lo largo de nuestras vidas y profundizar poco a poco en los Evangelios y, por tanto, en Jesús. La Coronación Canónica de Ntra. Sra. del Carmen es uno de esos acontecimientos en la historia religiosa de un pueblo que bien abordado es un revulsivo para renovar la Fe de toda la comunidad. Un conocimiento religioso más profundo nos lleva a comprender la palabra, la vida y los hechos del Señor, que son los que conforman lo que somos, la moral seguimos y las actividades que debemos realizar.

Todos sentimos una devoción infinita por la Virgen del Carmen como Madre del Señor y Madre nuestra. Por este motivo, será quien nos lleve de la mano a adentrarnos en la figura de su hijo y a seguirlo como hizo Ella de manera ejemplar. María es la Puerta del Cielo y está completamente abierta para que, con Ella, nos adentremos a vislumbrar la plenitud de Dios. Una vez más, la Virgen es la guía del humilde pueblo cristiano que la venera desde tiempo inmemorial y que invocamos constantemente a través del bautismo de nuestras hijas con su nombre, dedicándole cultos y festejos, invocándola cuando estamos frente a una situación complicada, presentándole a los recién nacidos para que los proteja… Efectivamente, es María el pasaporte para que los hogares ruteños acojan de buen grado esta labor evangelizadora que les vamos a presentar.

Se espera de nosotros que seamos los motores de la evangelización y que pongamos empeño para que su propagación sea significativa. Es decir, que seamos los primeros beneficiarios en recibir la formación del plan pastoral de la Coronación Canónica, pero al mismo tiempo que seamos el impulso para que cada vez más gente se integre en la misma. La idea debe ser la de participar en toda esta labor evangelizadora de manera activa y no ser meros espectadores de la misma, aprovechando los buenos momentos de confraternidad y acercamiento a Jesús que se nos avecinan.