adhesionesApocalipsis 12,1

"Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas"

El Apocalipsis presenta a María como Reina de todo lo creado, triunfante y mostrando los atributos que identifican su estatus regio y divino. El pasaje es gráficamente esclarecedor, con corona de doce estrellas que no deja lugar a dudas sobre la naturaleza de su ser: madre del Rey de todo lo creado y, por tanto, Reina del Universo.

El Concilio de Éfeso ya la reconoció y proclamó en el año 431 como Madre del Hijo de Dios, que como poseedor del Trono de David es Rey por siempre de toda la creación del Padre. Y Ella es Reina porque es madre de Jesucristo, Rey y Señor nuestro. Su prima Isabel la llamaba Madre de mi Señor, dando a entender que de la realeza de María se derivaba la del Hijo.

Jesús es el único Rey del Universo y su madre también es proclamada Reina por haber sido la persona designada por Dios para traernos a nuestro Salvador. Es esa asociación con Dios la que le proporciona a la Virgen la dignidad real que la hizo ser coronada en el Cielo. Es por ello que el pueblo devoto siempre la ha aclamado como tal, refiriéndose a ella como Regina en múltiples oraciones hasta ser incorporada de esta manera a la liturgia.

Los Papas también han declarado y manifestado desde siempre la realeza de María. Destacan por su labor Pío IX y Pío XII, promulgadores de los dogmas marianos más importantes, el de la Inmaculada Concepción de María y el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen respectivamente.

La bula que en 1854 definió el Dogma de la Inmaculada Concepción afirma: “Con ánimo verdaderamente maternal al tener en sus manos el negocio de nuestra salvación, Ella se preocupa de todo el género humano, pues está constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y está exaltada sobre los coros todos de los Ángeles y sobre los grados todos de los Santos en el cielo; estando a la diestra de su unigénito Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, con sus maternales súplicas impetra eficacísimamente, obtiene cuanto pide, y no puede no ser escuchada”.

El Apocalipsis presenta a María como Reina de todo lo creado, triunfante y mostrando los atributos que identifican su estatus regio y divino. El pasaje es gráficamente esclarecedor, con corona de doce estrellas que no deja lugar a dudas sobre la naturaleza de su ser: madre del Rey de todo lo creado y, por tanto, Reina del Universo.

El Concilio de Éfeso ya la reconoció y proclamó en el año 431 como Madre del Hijo de Dios, que como poseedor del Trono de David es Rey por siempre de toda la creación del Padre. Y Ella es Reina porque es madre de Jesucristo, Rey y Señor nuestro. Su prima Isabel la llamaba Madre de mi Señor, dando a entender que de la realeza de María se derivaba la del Hijo.

La Inmaculada Concepción - Pedro Pablo Rubens - Prado

Jesús es el único Rey del Universo y su madre también es proclamada Reina por haber sido la persona designada por Dios para traernos a nuestro Salvador. Es esa asociación con Dios la que le proporciona a la Virgen la dignidad real que la hizo ser coronada en el Cielo. Es por ello que el pueblo devoto siempre la ha aclamado como tal, refiriéndose a ella como Regina en múltiples oraciones hasta ser incorporada de esta manera a la liturgia.

Los Papas también han declarado y manifestado desde siempre la realeza de María. Destacan por su labor Pío IX y Pío XII, promulgadores de los dogmas marianos más importantes, el de la Inmaculada Concepción de María y el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen respectivamente.

La bula que en 1854 definió el Dogma de la Inmaculada Concepción afirma: “Con ánimo verdaderamente maternal al tener en sus manos el negocio de nuestra salvación, Ella se preocupa de todo el género humano, pues está constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y está exaltada sobre los coros todos de los Ángeles y sobre los grados todos de los Santos en el cielo; estando a la diestra de su unigénito Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, con sus maternales súplicas impetra eficacísimamente, obtiene cuanto pide, y no puede no ser escuchada”.