Cuando hablamos de una Coronación Canónica, lo estamos haciendo de un reconocimiento que la Iglesia Católica concede a imágenes de la Santísima Virgen cuya devoción irradia a un amplio sector de población, siendo esta devoción palpable y continuada en el tiempo desde sus orígenes hasta nuestros días.

Orígenes

Aunque en las últimas décadas se han popularizado sobremanera, para tener constancia de las primeras coronaciones hay que remontarse a finales del siglo XVI. Fue el fraile capuchino Fray Jerónimo Paolucci quien, como colofón a las misiones pastorales que realizaba por toda Italia, procedía a coronar a la imagen de la Virgen María con más devoción del lugar. Para ello utilizaba una corona realizada con el oro y alhajas que los fieles donaban para simbolizar su desprendimiento de lo material, su conversión y consiguiente acercamiento espiritual a Dios.

Ya a principios del siglo XVII este rito empezó a reglamentarse gracias a la perseverancia que demostró el Conde D. Alejandro Sforza Pallavicino de Piacenza, muy comprometido con el culto mariano y cercano a los círculos más influyentes de la Santa Sede. Esta influencia, junto al aporte económico que donó a la Reverenda Fábrica de San Pedro, posibilitó la constitución del Capítulo de San Pedro, que a partir de entonces concedería el rango Canónico a las coronaciones que se realizasen. Además, este Capítulo de San Pedro elaboró un registro en el que se recogían las coronaciones ya realizadas y las que se efectuasen desde entonces.

Finalmente, será con la Coronación Canónica de Santa María la Mayor de Roma en 1837 cuando se fije el mismo ritual para las coronaciones que se efectuasen en lo sucesivo en cualquier parte del orbe católico. Con la inclusión del rito en el Pontifical Romano de 1897, las coronaciones se extendieron por el resto de países, aunque siempre contando con la aprobación vaticana para llevarlas a cabo.

Requisitos y tipos de Coronación

La reforma llevada a cabo bajo el pontificado de San Juan Pablo II en 1981 permitirá a los obispos diocesanos la facultad de conceder la Coronación a aquellas imágenes que sean merecedoras de tal gracia y que pertenezcan a su jurisdicción eclesiástica.

A partir de la mencionada reforma, en función de la autoridad que conceda la coronación se establecen tres tipos:

  • Pontificia: concedida por el Papa.
  • Canónica: concedida por el Obispo de la Diócesis.
  • Litúrgica: otorgada por cualquier sacerdote y puede ser elevada a Canónica con posterioridad.

Los requisitos mínimos que debe de reunir cualquier imagen para que pueda ser postulada a la Coronación son los siguientes:

  • Antigüedad no menor de 50 años, que posea valor artístico y cuya historia esté debidamente documentada.
  • Gozar de probada devoción desde sus inicios hasta hoy.
  • Favores concedidos por dicha imagen e irradiación de su culto.

Antes de llevar a efecto la Coronación Canónica, se debe planificar exhaustivamente un plan de formación que predisponga a los fieles a vivir ese momento desde el verdadero significado que tiene, para así obtener los beneficios espirituales que se esperan de un acontecimiento de esta categoría. Este camino de preparación se basa en tres pilares fundamentales: CARIDAD, EVANGELIZACIÓN y CULTO. Trabajados a partes iguales nos llevarán a gozar de ese momento con plenitud.

El rito tiene lugar dentro de la solemnísima Misa Pontifical que se debe preparar para el acto y que está centrada, como no podría ser de otra manera, en la figura de María como Reina y Madre nuestra. Tras la conclusión de la homilía, el Obispo de la Diócesis procede a coronar a la sagrada imagen con una presea preparada para tal ocasión, que preferiblemente debe ser de metal precioso para simbolizar el carácter regio del acto.

En ese momento, la Virgen del Carmen habrá sido coronada en la tierra, a modo y semejanza de su coronación en el Cielo tras su gloriosa Asunción. Un momento que no es el fin de todo lo trabajado, sino el comienzo de una nueva etapa en la que conservemos con el mismo espíritu de ilusión e implicación con la Iglesia alcanzado en todos los meses previos a la Coronación de nuestra Madre del Carmen.